domingo, 5 de diciembre de 2010

-Thinking-

1984.

George Orwell se vale de la ciencia ficción para crear un mundo dominado por el ojo omnipresente del Gran Hermano. En el mundo de ficción de Orwell, el Yo está totalmente dominado por una visión de comunidad. No existe la diversidad y cualquier pensamiento de libertad e independencia es castigado como alta traición. 1984 es el triunfo del Nosotros, sobre el Yo. Aunque ficción el sistema del Gran Hermano, le debe todos sus conceptos básicos e ideológicos al comunismo estalinista, donde los intereses de las masas oprimen la individualidad.

En su novela; Orwell hace también una de las defensas más lúcidas y hermosas del lenguaje y el arte. El Sistema (INGSOC) tiene como uno de sus propósitos controlar toda la vida de sus ciudadanos, incluido: lo que piensan. Para ese propósito crea un sistema de lenguaje llamado, Neolengua. Que no es otra cosa que una reducción del lenguaje, hasta sus formas más dogmaticas. Es decir, si el lenguaje se convirtiera en algo meramente utilitario, entonces las ambigüedades y las infinitas posibilidades del lenguaje quedarían totalmente reducidas a un centenar de palabras controladas por el Sistema; la Neolengua mata las ideas y el pensamiento porque las deja sin una manera de expresión. ¿Cómo hablas de libertad, justicia, independencia, individualidad si no tienes palabras para expresarlas? Orwell no es sutil al proponer que el lenguaje es nuestro único camino a la libertad; esa construida de infinitas posibilidades y llena de matices y ambigüedades.

1984 es un libro crudo y duro que acaba con todas las posibilidades de éxito de un Estado controlador de la vida de sus ciudadanos, para Orwell no hay medias tintas. Los totalitarismos siempre producirán personas infelices y dominadas incapaces de expresarse y pensar por sí mismas.

En una de las partes finales Orwell hace una pregunta estimulante y retadora: ¿tú qué prefieres libertad o felicidad?

La pregunta debería tener eco en una sociedad -la nuestra- que cada día empeña más en busca de una felicidad -ambigua- que asesina eso por lo que tanto hemos luchado. Nuestra libertad. Y en la que ese dominio que parecía ficción, cada día parece más real.

Atl Mendarte-Reyes

1 comentario:

Ariadna dijo...

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saludos