lunes 14 de diciembre de 2009
-Mi Diario de Ideas-
viernes 11 de diciembre de 2009
-Thinking-

martes 1 de diciembre de 2009
-Thinking-
Siempre en los momentos buenos y, sobretodo en los malos camino para relajarme y concentrarme. Al hacerlo sucede algo que me ayuda a ponerme en contacto con un yo interior que la vida cotidiana, los problemas y demás distractores mitigan o apagan por completo.
Cuando tengo un bloqueo literario casi siempre lo resuelvo caminando –o si no leyendo-, cuando un problema me asfixia, caminar me tranquiliza y me deja pensar más claramente; nada mejor para incubar y darle forma a una historia que caminar, algunos de mis mejores recuerdos con las personas que quiero son momentos en que andamos.
Siempre voy a recordar que la primera vez que salí con Juan caminamos desde mi casa hasta el centro, por Reforma a la altura de Insurgente y hasta la Calle de Regina; no puedo recordar lo que platicamos, pero soy capaz de recrear las emociones que experimentaba todas asociadas con cruces, edificios, monumentos o simples calles. Con Mario recuerdo las mañanas al final del antro, cuando caminábamos hasta mi casa, cruzando la Roma que despertaba. Con Arturo, las caminatas descubriendo el centro, parándonos en cada edificio, mirando a la gente; con Gines una caminata muy singular que tuvimos en la Colonia Cuauhtémoc, mientras criticábamos la arquitectura de la zona desbaratábamos nuestra vida en sucesos específicos e inconexos; con Alex esas clásicas caminatas domingueras en las que peinábamos innumerable cantidad de veces el Parque Lincoln hablando de nada y muchas veces en un silencio que comunicaba con meros gestos o expresiones y con mi mamá esas caminatas por Jona en las que siempre terminaba sintiendo por ella un lazo más poderoso que el de la sangre: el de los momentos vividos.
Así me atrevo a decir que de toda la gente importante en mi vida tengo un recuerdo andando. Y es quizás ese recuerdo el que me une poderosamente a ellos. Y no sólo eso, los cambios importantes, las ideas grandiosas, las decisiones difíciles, las metamorfosis siempre han comenzado con una caminata solitaria; sin rumbo –objetivo- y sin límite –subjetivo-.
Sí algún día cometo la imprudencia de escribir una autobiografía caminar sería mucho más que un verbo que expresa una acción, sería más que una metáfora, sería casi como un personaje principal, el más redondo de todos, el más complejo, el que comienza con el movimiento de los pies pero termina con un cambio en un plano imperceptible, de esos que sólo pueden ser atrapados por la literatura.
Y es que caminar y escribir son para mí, la misma cosa. Un ancla que me aferra a la imaginación. Una fortaleza. Esa en la que el artista se refugia para poder encontrarse con la idea. Con ese ente hecho de colores, palabras, imágenes, sonidos… Ese lugar donde lo externo deja de existir por un momento –brevísimo-, para dar lugar a un encuentro inmaterial que sólo puede ser comprendido y expresado por el lenguaje artístico.
Por eso puedo decir que mientras camino siempre escribo y siempre que escribo, camino.
Atl Mendarte.
domingo 29 de noviembre de 2009
-Mi Diario de Ideas-

Camino frente al Sindicato de Electricistas. En las paredes hay un pizarron con horarios y nombres propios. En letras grandes y negras se lee: Agenda de resistencia. Un grupo de personas reconoce sus nombres, anotan los horarios en hojas improvisadas. Silenciosos. Se tocan el rostro y lo frotan con sus manos sin fuerza. Unas ojeras resaltan la sorpresa que sus ojos delatan. Se hacen comentarios en voz baja. Cuando terminan de anotar le dan la espalda al pizarrón y dan unos cuantos pasos, se detienen frente a la avenida y miran al cielo en un movimiento lento que va culminando con el rostro inclinado y las manos rodeando su nuca. El semáforo pasa del rojo al verde y los automóviles avanzan como una corriente imparable. Un auto rojo disminuye la velocidad y desde adentro el conductor se levanta lo más que el volante le permite, alza la mano y mira al grupo mientras grita con una sonrisa: lero lero. Los electricistas brincan como impulsados por resortes y contestan con silbidos. Siguen el auto rojo con la mirada, lo acompañan con una mentada y después vuelven a la “agenda de la resistencia" y sus ojos se apagan y sus cuerpos pierden la soltura.
Atl Mendarte
-Mi Diario de Ideas-
Noviembre
Estoy aprendiendo mucho sobre técnica literaria. Todos mis cuentos anteriores -y lo que había escrito- estaba hecho, como mi mamá bien lo definió, de puro corazón. Pero para hacer algo con valor artístico se necesita algo más, oficio.
Escribir no es tan fácil como sentarse a copiar lo primero que pase por la cabeza. Por más buena que sea tu idea, si no sabes como plasmarla difícilmente logrará su objetivo, no se transmitirá la esencia de lo que se quiere decir. Palabras accidentadas, ideas diseminadas.
Previo a escribir hay un trabajo largo y arduo de planeación. Lo que llaman darle cuerpo a la historia. Pensar en las palabras correctas, en la voz narrativa, en la estructura, en los núcleos, los indicios, los referentes, la elipsis, los adjetivos, las conjugaciones, las sutilezas, para hacer un buen escrito hay que ser sutil, no decir nada, sino dar a entender.
Pero más aun lograr que toda esa técnica no se note, que no se vea cuadrado, la técnica debe ser un instrumento, no un final, si eres demasiado técnico entonces la historia deja de hablar, los personajes se callan y tú historia se pierde.
Todo lo que aprendí en este mes me tenía un poco bloqueado. De repente me di cuenta que me daba miedo escribir. Me sentía como intimidado. Como que no quería empezar hasta estar seguro de los pasos que iba a dar. Ni siquiera mi blog quería escribir. Me obsesioné un poco con la perfección. Por eso hoy rompí todos mis apuntes. La técnica no debe ser algo que se memoriza, porque entonces esclaviza. La técnica debe ser algo que se adhiere.
Aprendí cosas que sin duda cambiaron mi percepción sobre el ejercicio de escribir. Eso nunca se me va a olvidar. Pero no puedo sentarme a escribir pensando en ser fiel a esas leyes. Hoy más que nunca estoy convencido que para escribir hay que romper todas las reglas, pero para hacer eso antes tienes que conocerlas. Así es en todas las leyes, para romperlas tienes que conocerlas, dominarlas, si no es torpe rebeldía sin causa.
Creo que lo que siento ahora no es miedo a escribir. Sino una profunda responsabilidad al hacerlo. Y eso es bueno. Poco a poco me voy dando cuenta de la responsabilidad que implica tener un lápiz en la mano para intentar hacer algo con un valor artístico. Está responsabilidad no es con las reglas, ni con los críticos, ni con los lectores, es una responsabilidad con la obra. Sólo con ella.
Atl Mendarte
viernes 13 de noviembre de 2009
-Mi Diario de Ideas-
martes 10 de noviembre de 2009
-Mi Diario de Ideas-
10 de nov
iembre.Ya es un hecho me declaró fiel y constante seguidor de Mario Vargas Llosa. La Ciudad y los Perros es una lectura sumamente sugerente. En la edición de bolsillo de punto de Lectura en la página 171 Mario Vargas Llosa narra uno de los pasajes más eróticos que he leído. Una especie de orgía adolescente: Y ahora sacará un billete, o una botella, o una cajetilla de cigarros, y luego habrá una pestilencia, una charca de mierda, y yo me abriré la bragueta, y tú te abrirás las bragueta, y él se abrirá, y el injerto comenzará a temblar y todos comenzarán a temblar, me gustaría que Gambeta asomará la cabeza y olierá ese olor que habrá... y así sigue por unas cuatro páginas.






