domingo 7 de febrero de 2010

-Letras-

Este es uno de los momentos más grandes de la literatura mundial. Un hombre -Borgues- logra ver de manera simultanea todo el universo. Impresionante. Nadie lo había visto antes, ni nadie lo verá después...

Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

El Aleph. JL Borgues

lunes 18 de enero de 2010

-Thinking-

Avatar

El positivismo es la falsa creencia de que la ciencia puede solucionarlo todo, de que no hay obstáculos para su ingenio, es pues la síntesis de nuestra época. Esa marcada por las esperanzas -ciegas- en una época mejor, a la que nos acercábamos guiados por la diosa ciencia/todopoderosa.

Hoy no hay nada más desprestigiado que el positivismo y aun así todavía caminan ingenuos que piensan que el progreso sólo depende de los avances tecnologicos y de todo el sistema que hemos construido. Esos necios se empeñan en ignorar todos los daños que su avaricia y su torpeza han originado. No les importa todo lo que se destruya y todo el caos que originen. -No hay nada que detenga el progreso, somos invencibles- vociferan con los brazos extendidos y a su lado todo se derrumba, su necio imperio sucumbe y ellos no lo notan, son tan idiotas.

Los que se opongan a la ciencia, van en contra de la humanidad y de su persistencia en la tierra, no pueden cuestionarnos pues todo de lo que gozan hoy es gracias a nuestro ingenio, a nuestra capacidad creadora. Ese puede ser el himno que gritan los positivistas cada que alguien se atreve a cuestionarlos. Desde su nacimiento el positivismo se ha encontrado con detractores, lo fue -y seguirá siendolo, pues es su responsabilidad- la filosofía cuando cuestionó que la Ciencia revolviera todos los problemas del hombre -le da comodidades pero no resuelve sus problemas existenciales-, la literatura cuando Kafka y Orwell pintaban a un hombre asfixiado por todo lo que ha construido.

Hoy las nuevas generaciones ya no creen tan facilmente en el mito de la ciencia/todopoderosa, les ha tocado un mundo inclemente, enojado, agresivo. Para ellos cambio climático, calentamiento global, catástrofe natural ya son palabras adecuadas a su vocabulario común. Ellos saben que el daño que hemos hecho a la naturaleza es irreversible y que tendremos que pagar las consecuencias. Ahora podemos contestarle a los positivistas que todo eso que nos regaló su ingenio tiene un costo, quizás no lo paguemos nosotros pero sin duda lo pagará la humanidad y el costo no será bajo.

Avatar retrata muy bien este gran embrollo. Una historia que puede llamarse anti positivista, cuando uno termina de verla no se puede más que pensar en lo efímero y falso que es todo lo que "hemos construido", somos tan torpes, tan incapaces de darnos cuenta que vivimos en un entorno lleno de vida y sabiduría que no está creado para servirnos, no es materia prima, sino entorno... parte de nosotros.

En la parte final de Avatar, cuando los na´vi están siendo derrotados por los humanos, Jake acude al árbol de la vida y pide la ayuda de Eywa (la naturaleza) para vencer en la batalla. En el momento en que todo parece perdido Eywa toma partido y derrota la tecnología armamentista de los humanos. Hoy esa escena no parece nada descabellada, parece que la naturaleza y la ciencia se han declarado la guerra, la ciencia ataca con destrucción, contaminación, deforestación, basura, saqueo de recursos naturales, pero la naturaleza ha comenzado su ataque, con enfermedades agresivas, virus desconocidos, cambios climáticos y fenómenos naturales inclementes y mortales. En Avatar al final Eywa (naturaleza) destruye al ejercito humano (ciencia) no hay porque creer que en nuestra historia el final sea diferente.

Atl Mendarte

jueves 31 de diciembre de 2009

-Mi Diario de Ideas-

Libros.

No tengo ninguna duda de que este año ha sido en el que más he leído. Ha habido grandes descubrimientos, otros que no lo han sido tanto, algunos que todavía no alcanzo a descubrir.

Definitivamente no leí nada que me haya parecido nefasto, tal vez sólo esa ocasión que no tenía nada que leer y en la biblioteca de mi mamá encontré un libro de Germán Dehesa. Fallaste corazón. Pésimo. Lleno de anotaciones y comentarios que pretendían ser chistosos y que sólo me ponían histérico. Aura de Fuentes tampoco me gustó mucho. Sigo pensando que Fuentes es el escritor vivo mexicano más importante pero Aura definitivamente no está dentro de mis libros favoritos. Cuando leí por primera vez el estilo libre indirecto en la Muerte de Artemio Cruz quedé impactado pero leerlo todo el tiempo en un libro de unas 60 páginas es muy cansado y pierde fuerza. También me decepcionó Fadanelli, no porque su libro haya sido malo, sino porque esperaba más, me resultó sencillo y predecible. Nada nuevo. Prefiero su columna en el Universal.

Los grandes descubrimientos de este año son muchos. Neuman con El Viajero del Siglo. Un libro maravilloso que habla del extranjerismo, el amor a la literatura y da opiniones certeras y sensatas sobre Europa (entendido como territorio y como cultura). Formalmente me gustan sus párrafos que parecen inconexos y sin relación. Creo que formalmente ese es el camino que me gustaría seguir, párrafos que concluyen una acción o idea y que podrían entenderse como independientes pero que en conjunto forman una historia más grande.


También descubrí a los malditos ilustrados (Bataille, Klossowsky, Focault y Blanchot) a Proust, Joyce y Woolf. Los malditos me enseñaron que la literatura es algo más allá. Algo que rebasa las fronteras de lo etéreo. Proust, Joyce y Woolf creo que culminan una etapa de la literatura que comenzó con Flaubert y que es la del yo en su vida interior. Proust la explora llevando a sus limites el tiempo pasado y Joyce la abarca desde el tiempo presente. Woolf la abarca desde un sentido más mental, casi psicoanalitico.

Después viene Kafka y comienza una nueva etapa en la literatura, la etapa que estamos viviendo. La del yo influenciado por todas sus realidades externas. Un yo asfixiado por todo lo que ha creado...
En Latinoamerica este es el año de Elizondo que me parece uno de los escritores que más entendio la modernidad de la literatura de su tiempo y se lanzó en su captura. Vargas Llosa con la Ciudad y los Perros me parece un libro bello que sigue la tradicción Flaubertiana de la cotidianeidad. Borges que es como una gran biblioteca y un parteaguas en los alcances de la imaginación. Y por supuesto Bolaño.
También están Faulkner, Burroughs y Da Quincey.
Kundera y Manganelli.
Baudelaire, Novalis, Shakespeare y Rimbaud

-Mi Diario de Ideas-

2009.

Dentro de 24 horas tendremos que hablar de 2009 como pasado. Saldrá de nuestro concepto de espacio temporal presente para convertirse en algo que ya fue, que en este momento ya no es. Todo lo que nos pase a partir de ese momento será parte de otro año, del 2010. Es esa sensación de fin y de alejamiento la que nos permite ver al 2009 como un todo que puede ser analizado y visto con los ojos del que mira el camino que ha ido dejando atrás.

Para mi 2009 fue un año que al principio se portó hostil. Me enseñó su peor rostro y me atacó con miles de preguntas que me agobiaron y por momentos me hicieron desfallecer. Todo fue aquietandose y se compuso hasta convertirse en un año claro, limpio y transparente. Ligero y nunca visto, que al final me dejó una imagen más sensata de mi mismo. Amistades fuertes, una excelente relación con mi familia y una relación que al principio nunca habría podido imaginar.

Por eso para mi 2009 significa el final de una etapa de mi vida. Y el comienzo de otra. Siempre voy a recordar este año con una angustia que termina en una risa muda pero de profunda felicidad.

Atl Mendarte.

lunes 14 de diciembre de 2009

-Mi Diario de Ideas-

Hay dos maneras de leer. Cuando se lee un libro que interesa debe hacerse de las dos maneras. La primera es la universalmente entendida, la que responde al verbo, leer y que en el diccionario se entiende como: Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. Entonces alguien puede decir que ha leído Madame Bovary, por ejemplo, cuando lee el libro escrito por Flaubert. La segunda manera implica un esfuerzo extra, complementarío. Y es leer la obra a traves de otras obras que se han escrito a partir de la obra. En Madame Bovary por ejemplo, uno no ha leído la obra completamente si no ha leído el ensayo pasional y casi de culto que escribió el peruano Mario Vargas Llosa.
Dicen que leer es un dialogo. Yo lo creo profundamente. Y muchas veces ese dialogo sólo es posible por puentes que acercan, que dan su punto de vista, que responden dudas, dan su interpretación y muchas veces renuevan el dialogo. Así el Quijote de Cervantes no sería lo mismo sin los incontables ensayos que se han escrito en su nombre o los múltiples escritores que lo han incluido en su obra.
De la misma manera uno no termina de leer a Proust sin las reflexiones que le provoca a Blanchot. O Nietzche no es completamente entendido sin Klossowsky o Heidegger.
Dicho lo anterior puedo asegurar que estoy leyendo, sin acercarme aun a sus libros, a Bloch y a Kafka gracias a un ensayo de Milan Kundera que se llama el Arte de la Novela. En el ensayo el escritor checo se atreve a debatir sobre los nuevos objetivos de la novela. Que siempre en búsqueda de un significado para el yo. Ha pasado de la acción, a la vida interior y ahora, apunta Kundera, la novela -inaugurada está etapa por Kafka- se enfrenta a los nuevos cuestionamientos de nuestra época, el yo frente a todo el sistema que ha construido y que ya comienza a rebasarlo y a asfixiarlo, devorando cada vez más su campo de acción.
El ensayo de Kundera me ha resultado muy estimulante. Comparto con entusiasmo la estética postproustiana, no así del todo las posturas formales. Creo que la novela de nuestros tiempos sí debe profundizar en el hombre asfixiado por sus instituciones, pero lo debe hacer desde el yo interior o desde las acciones y no desde la cuestionante filosófica como lo propone Kundera.

viernes 11 de diciembre de 2009

-Thinking-

Vi Los Abrazos Rotos. Me gustó. No es la mejor película de Almodovar pero es buena. Creo que es una película hecha para los ojos. Está llena de escenas estimulantes para la vista. Los cuadros que decoran la mansión de Martell y del director, los tapices, la ropa, los muebles, los paisajes, Penelope Cruz, todo está dedicado al más preciado de los sentidos. Creo que es una película que debe mirarse como se mira un cuadro.

martes 1 de diciembre de 2009

-Thinking-

Caminar.

Siempre en los momentos buenos y, sobretodo en los malos camino para relajarme y concentrarme. Al hacerlo sucede algo que me ayuda a ponerme en contacto con un yo interior que la vida cotidiana, los problemas y demás distractores mitigan o apagan por completo.

Cuando tengo un bloqueo literario casi siempre lo resuelvo caminando –o si no leyendo-, cuando un problema me asfixia, caminar me tranquiliza y me deja pensar más claramente; nada mejor para incubar y darle forma a una historia que caminar, algunos de mis mejores recuerdos con las personas que quiero son momentos en que andamos.

Siempre voy a recordar que la primera vez que salí con Juan caminamos desde mi casa hasta el centro, por Reforma a la altura de Insurgente y hasta la Calle de Regina; no puedo recordar lo que platicamos, pero soy capaz de recrear las emociones que experimentaba todas asociadas con cruces, edificios, monumentos o simples calles. Con Mario recuerdo las mañanas al final del antro, cuando caminábamos hasta mi casa, cruzando la Roma que despertaba. Con Arturo, las caminatas descubriendo el centro, parándonos en cada edificio, mirando a la gente; con Gines una caminata muy singular que tuvimos en la Colonia Cuauhtémoc, mientras criticábamos la arquitectura de la zona desbaratábamos nuestra vida en sucesos específicos e inconexos; con Alex esas clásicas caminatas domingueras en las que peinábamos innumerable cantidad de veces el Parque Lincoln hablando de nada y muchas veces en un silencio que comunicaba con meros gestos o expresiones y con mi mamá esas caminatas por Jona en las que siempre terminaba sintiendo por ella un lazo más poderoso que el de la sangre: el de los momentos vividos.

Así me atrevo a decir que de toda la gente importante en mi vida tengo un recuerdo andando. Y es quizás ese recuerdo el que me une poderosamente a ellos. Y no sólo eso, los cambios importantes, las ideas grandiosas, las decisiones difíciles, las metamorfosis siempre han comenzado con una caminata solitaria; sin rumbo –objetivo- y sin límite –subjetivo-.

Sí algún día cometo la imprudencia de escribir una autobiografía caminar sería mucho más que un verbo que expresa una acción, sería más que una metáfora, sería casi como un personaje principal, el más redondo de todos, el más complejo, el que comienza con el movimiento de los pies pero termina con un cambio en un plano imperceptible, de esos que sólo pueden ser atrapados por la literatura.

Y es que caminar y escribir son para mí, la misma cosa. Un ancla que me aferra a la imaginación. Una fortaleza. Esa en la que el artista se refugia para poder encontrarse con la idea. Con ese ente hecho de colores, palabras, imágenes, sonidos… Ese lugar donde lo externo deja de existir por un momento –brevísimo-, para dar lugar a un encuentro inmaterial que sólo puede ser comprendido y expresado por el lenguaje artístico.

Por eso puedo decir que mientras camino siempre escribo y siempre que escribo, camino.

Atl Mendarte.